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Al fin, la tensión acabó por quebrar las relaciones entre dos naciones. Dos soldados muertos, seis heridos gravemente, diez heridos leves, tres civiles muertos y dos desaparecidos son el saldo de víctimas tras el bombardeo a Yeonpyeong, isla surcoreana del Mar Amarillo por parte del ejército de Coreo del Norte.

Se dispararon reiteradas veces contra la isla, situada en la parte sur de la frontera de los dos países. Además de las víctimas, los ataques destruyeron una gran cantidad de viviendas civiles, consumidas por el fuego.

Lee Hong Ki, jefe del Estado Mayor de Corea del Sur, calificó el ataque de “intencionado y premeditado”. Seúl contraatacó disparando más de 80 proyectiles contra la artillería de Corea del Norte, y mandó aviones de combate a la isla. El comandante expresó que este ataque implica una violación al acuerdo de armisticio firmado para finalizar la guerra de 1950-1953.

El presidente surcoreano, Lee Myung Bak, afirmó calificó de “imperdonables” los ataques a civiles. A su vez, replicó que tomará “acciones duras” para que Pyongyang no vuelva a provocar.

Esperamos que todos estos conflictos internacionales lleguen a un fin justo para todos. Si bien en las últimas décadas los conflictos bélicos son un común denominador, es evidente que las sociedades de hoy están cambiando. Pensar que estos conflictos algún día terminarán puede resultar un tanto utópicos pero, como normalmente sed dice, “la esperanza es lo último que se pierde”.

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