
Rusia se hunde en un mar de protestas por el afán desmedido de Putin por retomar el poder que ya había entregado en manos de su protegido. Ahora el pueblo no está dispuesto a aguantarlo un periodo más y se niegan a aceptar la que han llamado, la elección más fraudulenta jamás fraguada en el país.
Parece que Vladimir no sabe cuando desistir, pero los ciudadanos tampoco, es por ello que su aparente victoria electoral se ha convertido en un circo donde su ambición se ha convertido en necedad y castigo por parte del pueblo que un día lo aclamó como su líder, ahora la sombra del recelo le hace sombra.
La estrategia perdida
Para el político su estrategia se halla perdida desde hace tiempo, sobre todo porque intenta lidiar aún entre la aceptación de que el poder local no lo acepta y el control que está perdiendo de un Estado que él insistió en gobernar. El problema mayor reside en que lo intenta hacer sin concesiones justas al modelo que creo en el 2000.
En aquel tiempo las cosas parecían viento en popa, sobre todo por lo generado por el precio del crudo, sin embargo, y una década después, la moneda ha dado vuelta y ahora le ha tocado perder. Hoy el plan maestro está repleto de fallas como exceso de libertades políticas, corrupción y total falta de estructura.
Movimiento en contra
Ahora debe de quebrarse la cabeza pensando qué hacer con los miles de protestantes que dejaron claro su desacuerdo en las urnas y que ahora lo hacen en las calles . Sin duda un difícil panorama para Putin y su utópico gobierno.

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